Depresión Reactiva, conoce sus síntomas, las causas y sus tratamientos

La depresión reactiva es ocasionada en reacción a un acontecimiento externo o bien circunstancia. En otras palabras, es un estado depresivo que la persona experimenta como contestación a un acontecimiento que le supera, como una ruptura de pareja, muerte de un familiar, divorcio, pérdida de empleo…

Debido a las diferencias individuales, un acontecimiento agobiante puede causar que una persona reaccione con depresión y otra persona ni siquiera reaccione. Por servirnos de un ejemplo, ante la muerte de un familiar ciertas personas pueden reanudar su vida diaria, mientras que otros reaccionan con síntomas depresivos. La mayoría de personas que tienen depresión reactiva pueden recobrarse en un periodo de seis meses a través de terapia cognitivo conductual.

Este tipo de depresión puede ser grave y necesita ser tratada si persiste por un periodo de tiempo demasiado largo y la persona no se recobra. No obstante, en la mayor parte de personas desaparece transcurrido un tiempo y se puede volver a un comportamiento normal. En otras palabras; la depresión reactiva es temporal, al revés que la depresión mayor que es a largo plazo.
 

Cuales son los síntomas de la depresión reactiva

Los síntomas de las depresiones reactivas son un poco más difusa que la de las depresiones endógenas, ya que estos cuadros depresivos van muy ligados a la personalidad de la persona, cosa que no sucede con las depresiones hereditarias.

No obstante, hay algunos síntomas que se consideran propios de esta clase de depresiones. Estos son:
 

1. Síntomas a nivel afectivos:

En la depresión reactiva hay una clara alteración del estado anímico, el cual se presenta deprimido y con síntomas como la tristeza o la pérdida de interés.

De hecho, la incapacidad de probar placer con la mayoría de actividades que antes de la aparición del cuadro depresivo resultaban gratificantes para la persona, se considera el primordial síntoma de esta enfermedad.

Así mismo, esta dificultad para probar placer provoca una pérdida de interés notable por la mayor parte de cosas, con lo que la persona con depresión reactiva se acostumbra a mostrar sin ganas de hacer nada.

Igualmente, se puede presentar irritabilidad y ansiedad como contestación al estado de ánimo y a la incapacidad de funcionar apropiadamente y “tirar hacia delante”.
 

2. Síntomas cognitivos

El cambio en los síntomas afectivos van ligados a unos pensamiento determinados, los cuales suelen sostener y/o agudizar los inconvenientes del estado anímico.

Las personas con depresión reactiva suelen tener baja autoestima, mucho fatalismo respecto a su vida y su porvenir, sentimientos de culpa, y un pensamiento marcado por los aspectos negativos de su vida.

Como ya hemos comentado, la depresión reactiva acostumbra a ir muy ligada a la personalidad del individuo y a la adaptación que efectúa sobre los distintos estímulos que se presentan en su vida.

De esto modo, las personas con esta clase de depresiones pueden tener una personalidad muy centrada en lo negativo o bien muy perfeccionista.

Uno de estos dos géneros de personalidad podrían explicar la tendencia recalcar en demasía los aspectos negativos, ser incapaz de acomodarlos, y configurar un pensamiento centrado en el fatalismo y la desvalorización personal.

Así mismo, la depresión reactiva puede provocar sentimientos de desesperación y problemas para concentrarse, meditar y realizar las actividades cotidianas.
 

3. Síntomas social-motivacionales

De igual modo, la depresión reactiva suele afectar en el funcionamiento de la persona, tanto a nivel social, como laboral y personal, y su conducta suele estar marcada por una clara ausencia de motivación.

Las persona con depresión reactiva acostumbran a tener baja energía de forma constante, les suele costar mucho efectuar cualquier actividad y suelen cansarse con rapidez.

Así mismo, su comportamiento habitúa a estar marcado por un retraimiento social, pocas ganas de comunicarse con otras personas y la ausencia de actividades recreativas.

Todo esto causa que la actividad y la productividad de una persona con depresión reactiva reduzca de manera notable, y opte por un estilo de vida pasivo e inactivo.
 

Diferencias con la depresión endógena

La diferencia principal entre depresión endógena y depresión reactiva es clara, la primera es ocasionada por factores genéticos y la segunda brota mediante una mala adaptación del propio sujeto a las distintas situaciones o eventos que le toca vivir.

No obstante, ¿cómo podemos distinguir una de otra? ¿De qué manera podemos saber si una persona padece una depresión endógena o una depresión reactiva?

Poder diferenciar ambos tipos de depresiones es muy importante, puesto que a pesar de que los dos trastornos sean afines, difieren mucho en su tratamiento y evolución.

Las características primordiales de la depresión reactiva que le diferencian de la depresión endógena son:
 

1. Es menos incapacitante socialmente

Como hemos visto, la depresión reactiva puede variar en su gravedad, hasta el punto de no llegar a ser una depresión (y ser un trastorno distímico).

Así, generalmente esta clase de depresión suele afectar menos al funcionamiento social de la persona, y puede preservar un cierto funcionamiento, cosas que no sucede con la depresión endógena.
 

2. No es psicótica:

En la depresión endógena se pueden presentar síntomas psicóticos como alucinaciones o bien ideas surrealistas.

En la depresión reactiva esto no sucede y la alteración del estado de ánimo no llega a ser tan elevada como para generar delirios en el pensamiento de la persona.
 

3. No presenta los síntomas endógenos:

En la depresión reactiva no se presentan síntomas somáticos (dolores o sensaciones físicas que se puedes expresadas de forma clara y visible en nuestro organismo) y motores, los cuales sí son muy habituales en la depresión endógena.

De esta forma, no aparece una marcada pérdida de peso y hambre, no suele haber alteraciones en el movimiento, y raramente se presencia insomnio o bien exceso de sueño.
 

4. Es situacional

La depresión reactiva acostumbra a aparece tras un suceso agobiante, el cual supera la capacidad de adaptación de la persona.

Esto no sucede en la depresión endógena, la cual, como ya hemos comentado surge mediante causas genéticas, sin necesidad de circunstancias ambientales.
 

5. Es consecuencia de un patrón de personalidad desadaptada

La forma de ser de la persona y su patrón de personalidad decreta la mala adaptación al entorno que causa el cuadro depresivo. En la depresión endógena la personalidad no guarda relación con los síntomas depresivos.

Las personas con depresión endógena suelen tener una personalidad caracterizada por ansiedad generalizada, inestabilidad, y rasgos de dependencia y obsesividad.
 


 

Causas de la depresión reactiva

A diferencia de la depresión endógena, en la depresión reactiva no se aprecia una carga genética tan alta.

De esta forma, este tipo de depresión se asocia más a la forma de ser y de adaptarse a la vida y a los acontecimientos que tiene la persona, la cual puede ser el origen de la sintomatología depresiva.

Es por esta razón que se asocia la depresión reactiva con rasgos de personalidad marcados por la ansiedad, la obsesión, el perfeccionismo, la dependencia, la baja autoestima, la inestabilidad emocional o la culpabilidad.

Si una persona posee estas peculiaridades en su forma de ser, es posible que cuando le toque vivir una situación difícil o estresante, sus pensamientos se centren en los aspectos negativos.

Cuando esta clase de pensamientos sobrepasan en su intensidad y se apoderan de la cognición de la persona, pueden provocar una serie de sentimientos de tristeza, culpa, pesimismo o bien aun desesperación.

Si la persona no es capaz de administrar estos sentimientos, por una parte, se fortalecerán sus pensamientos negativos, y por otra parte, se alterará su conducta, la que estará marcada por actividades que estén acorde con su estado de tristeza.

Esto va a hacer que la persona cada vez se exponga menos a actividades agradables, reciba un menor gratificación del mundo exterior, y se agudicen sus sentimientos de tristeza y sus pensamiento pesimistas.

De este modo, una mala adaptación puede desembocar en un síndrome depresivo y hacer cada vez más bastante difícil que la persona pueda recobrar su estado anterior.
 

Como se trata la depresión reactiva

La respuesta a los psicofármacos de los pacientes con depresión reactiva acostumbra a ser peor que los pacientes con depresión endógena.

De este modo, muy frecuentemente se puede tratar este tipo de depresión con psicoterapia y sin necesidad de tomar medicamentos.

No obstante, en casos graves se aconseja la combinación entre Psicofármacos (por norma general antidepresivos ISRS) y Psicoterapia.

Una de las psicoterapias que han mostrado mayor eficacia para tratar depresiones reactivas es el tratamiento cognitivo conductual. Este tratamiento se fundamenta en cambiar los pensamientos de la persona.

Primeramente se trabaja a fin de que la persona sea capaz de identificar sus pensamientos automáticos negativos (por ejemplo: si llamo a mi amiga y no me lo coge es porque no me quiere) para que posteriormente pueda evaluar su valía y modificarlo por uno más positivo o más neutro.

Posteriormente se trabaja sobre las ideas más generales de la persona (por ejemplo: para ser feliz tengo que lograr el éxito en todo) y se hace lo propio para alterarlo por una idea más adaptada a la realidad y por ende, menos negativa.

Por otro lado, se trabaja sobre la conducta, empezando tareas graduales que la persona pueda hacer correctamente, enseñando a manejar el tiempo apropiadamente y realizando una programación de actividades a fin de que la persona se exponga a situaciones agradables.

Así pues, la depresión reactiva es un género de depresión muy ligada a la manera de ser de la persona y a la adaptación que efectúa sobre la vida, la que puede prosperar notablemente si se trabaja en mejorar esos pensamientos y esas conductas que provocan o refuerzan el estado depresivo.
 

¿Depresión o distimia?

Se pueden distinguir dos tipos distintos de depresión, cada uno de ellos con unas peculiaridades y unas causas particulares.

Una de ellas es la depresión endógena, un síndrome depresivo hereditario que brota mediante causas genéticas.

El otro tipo es la depresión reactiva, la que en contraste a la depresión endógena, aparece como contestación a una mala adaptación a sucesos agobiantes.

No obstante, se ha demostrado que una mala adaptación a acontecimientos agobiantes no tiene por qué ocasionar un cuadro depresivo y que si lo causa, la depresión experimentada puede cambiar de gravedad.

Así, para delimitar esos cuadros depresivos, con exactamente los mismos síntomas y características que las depresiones, pero de una intensidad menor, se propuso el término de distimia.

De este modo, cuando charlamos de depresión reactiva, primeramente debemos delimitar si la intensidad de los síntomas es grave y hacen referencia a un trastorno depresivo mayor, o si es más leve y hacen referencia a un trastorno distímico.

Como hemos dicho, se estima que ambos trastornos tienen la misma naturaleza y exactamente las mismas características, por lo que diferenciar a uno del otro es bastante fácil en tanto que sólo se deben dictaminar la gravedad de los síntomas.
 

Un trastorno de depresión mayor se caracteriza por:

1. Presencia de un episodio depresivo mayor caracterizado por cinco o bien más de los próximos síntomas durante un periodo mínimo de dos semanas, los cuales provocan malestar elevado y deterioro social o laboral en la persona.:

  • Estado depresivo la mayoría del día (sentirse triste, vacío o bien llorar con frecuencia).
  • Minoración acusada del interés o bien de la capacidad para el placer en todas o bien casi todas las actividades.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos y también inadecuados.
  • Disminución de la capacidad para meditar o concentrarse.
  • Pensamientos recurrentes de muerte.

 

2. Jamás se ha producido un episodio maníaco.

3. La perturbación del estado anímico no es parte integrante de un trastorno esquizoafectivo o bien esquizofrenia.
 

El Trastorno distímico se caracteriza por:

1. Estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día a lo largo de al menos 2 años.
2. Presencia, mientras se está deprimido, de dos o más de los próximos síntomas:

  • Pérdida o bien aumento de apetito.
  • Insomnio o hipersomnia
  • Falta de energía o bien fatiga
  • Baja autoestima
  • Dificultades para concentrarse o para tomar resoluciones.
  • Sentimientos de desesperanza.

 

3. Durante los dos años comentados, los síntomas precedentes no han estado presentes más de dos meses seguidos (sino sería un trastorno depresivo).
 

4. Nunca ha habido un episodio maníaco.

Así, como vemos el trastorno depresivo y el trastorno distímico son idénticos, y la única diferencia que tienen son la intensidad y la duración de los síntomas.

Los síntomas del trastorno distímico son de menor intensidad y, cuando son de una intensidad más elevada, se presentan durante menos tiempo.

Si los síntomas del trastorno distímico se presentarán de forma intensa durante más de dos semanas se cambiaría el diagnóstico a trastorno depresivo mayor.

Así, pese a que son dos trastornos diferentes, solo difieren en intensidad, por lo que cuando charlamos de depresión reactiva nos podemos referir tanto a un trastorno depresivo (si los síntomas son graves) como a un trastorno distímico (si los síntomas son más leves).