Agresividad en niños con déficit de atención e hiperactividad

Antes de centrarnos en la agresividad en el TDAH me gustaría exponer que es la conducta agresiva y que la produce.

Podríamos decir que conducta agresiva es la conducta que al ser realizada causa daño a uno mismo, a otros o al entorno físico. Es una conducta de riesgo y de ahí la importancia de ser evaluada de manera adecuada cuando se presenta. Lo principal que debemos tener claro es que las conductas agresivas son la expresión de una disfunción del Sistema Nervioso Central y tienen una base neurobiológica.

En las consultas de los servicios de Psiquiatría infanto-juvenil estas conductas se presentan en más de un 60 % de los casos y son motivo de más de un 25 % de consultas realizadas en los centros educativos.

Hay un momento durante el desarrollo en el que las conductas impulsivas y agresivas son evolutivamente normales y tienen que ver con la inmadurez del sistema nervioso central.

A medida que mejoran las competencias lingüísticas y mejoran los síntomas de regulación emocional estas conductas tienden a ir disminuyendo y conteniéndose.
 

Agresividad en el TDAH

La agresividad en el TDAH es uno de los síntomas prominentes en su presentación clínica y hasta en un 54 % este síntoma afecta de manera significativa a la calidad de vida de quien lo padece y de sus familias. Los estudios que se han realizado hasta el momento han concluido que los pacientes con TDAH presentan en general más comportamientos de tipo agresivo que la población general. Es el subtipo TDAH combinado el que más frecuentemente presenta esta asociación sintomática. Además existe una correlación entre la gravedad del TDAH y la aparición de conductas o comportamientos agresivos. Es decir cuanto más grave es el cuadro de TDAH más graves son las conductas agresivas y cuanto más grave la agresividad peor evolución tendrá el TDAH.
 

Podemos distinguir dos tipos de conductas agresivas:

    1. La agresividad reactiva o impulsiva: Es la que aparece en los pacientes con TDAH. Son aquellas conductas que aparecen como una respuesta a una serie de presiones emocionales internas de manera inmediata con repercusiones negativas para la persona que las realiza. Son actos impulsivos realizados en momentos de desregulación emocional
    2. La agresividad proactiva o funcional: Es aquella conducta agresiva que se lleva a cabo para conseguir unos beneficios para la persona que la realiza sin importar las consecuencias. Este tipo de agresividad no es la característica del TDAH.

 

Conducta agresiva y regulación emocional

La agresividad en el TDAH es un síntoma central muy importante y tiene que ver con un problema en la regulación emocional y en el control en la expresión de las emociones.

La regulación emocional consta de dos pasos:

      1. El autocontrol emocional: Es la capacidad para frenar reacciones emocionales fuertes en respuesta a ciertos hechos o acontecimientos
      2. La capacidad de autorregular el estado interno: esto es mediante el uso de las habilidades propias aprendidas.

Tanto la impulsividad emocional como la autorregulación emocional están afectas en los pacientes con TDAH. Y es esto lo que ocasiona sus conductas y comportamientos agresivos.

Una de las consecuencias de estas conductas agresivas es el rechazo por parte de los iguales y las dificultades en las relaciones interpersonales. Situación que influye directamente en el estado de ánimo y el autoconcepto de los pacientes. Los estudios demuestran que los pacientes con TDAH y agresividad presentan más conductas de rechazo por parte de los iguales.

Es decir las conductas agresivas en los pacientes con TDAH son un síntoma grave de desregulación emocional y empeoran su pronóstico así como su calidad de vida social y emocional.
 

Tratamiento de la conducta agresiva en el TDAH

El motivo de final de todo tratamiento de este tipo es disminuir los episodios de conducta agresiva, de forma eficaz y personalizada.

      • En primer lugar habrá que tratar los síntomas nucleares del TDAH, es decir la impulsividad, la hiperactividad y la desatención. A veces con la mejoría de estos síntomas las conductas agresivas mejoran.
      • Si no obtenemos mejoría habrá que realizar intervenciones conductuales. Estas son intervenciones en las que mediante estrategias se enseñan habilidades de gestión emocional, resolución de conflictos y expresión de las emociones.
      • En algunos casos es necesario complementar este tipo de estrategias con tratamientos farmacológicos debido a la gravedad de los comportamientos agresivos. La mejora de estas conductas es fundamental para asegurarnos un buen pronóstico en la evolución del TDAH.

 

En resumen podríamos decir que para luchar contra la agresividad infantil y juvenil tenemos que observar las siguientes pautas:

  1. Identificar la conducta y si esta es agresiva, diferenciar si se trata de violencia verbal, física, contra las cosas, contra las personas, etc. En definitiva, cómo exterioriza el niñ@ la agresividad.
  2. Llevar un registro de los accesos de agresividad que presenta el sujeto relacionándolos con las causas que los desencadenaron y en los momentos y circunstancias en que surgieron.
  3. Actuar sobre la conducta agresiva reforzando las respuestas alternativas deseables o enseñando habilidades sociales y neutralizando la conducta agresiva.

    ¿Cómo hacerlo? Pueden adoptarse diferentes soluciones:
    – Eliminar los estímulos que provocan la conducta agresiva.
    – Reducir el contacto del niño o niña hiperactivo con los modelos agresivos, pasando de las actitudes violentas a las razonadas, dialogantes y normalizadas.
    – Recompensar la asertividad y la cooperación.
    – Impedir que puedan darse aquellas condiciones que proporcionan al sujeto gratificación por una conducta agresiva.

  4. Una vez decidido el procedimiento que se va a emplear, este ha de ser puesto en práctica dándolo a conocer a todos los que conforman el medio en el que se desenvuelve el sujeto (familia, profesores, etc…).

 

El registro del que hablábamos en el punto segundo no debe abandonarse para poder valorar los resultados obtenidos.