Trastornos por déficit de atención e hiperactividad en niños y adultos, ¿diferentes tratamientos?

Cuando se ha trabajado bastante tiempo con niños diagnosticados por el TDAH y se han empleado como profesional muchas estrategias para ir solventando las dificultades que se hallan, y se empieza a trabajar con adultos, una de las cosas que se evidencia es que aunque los campos en los que se desenvuelven las personas son diferentes, las problemáticas que se encuentran son tan similares que muchas de las estrategias son exactamente las mismas.

La sintomatología del TDAH en los adultos es más severa y explícita en algunos de los síntomas nucleares (déficit de atención, control de impulsos), más enmascarada y también tácita en otros (hiperactividad), en tanto que la propia actividad que desarrollan los adultos es también diferente y diversa, y en consecuencia las dificultades aparecen más patentes y ligerísimamente adaptadas a las situaciones en donde la persona se desenvuelve habitualmente.
 

La publicidad paga los gastos de hospedaje web, actualización y redacción
¿Nos ayudas con un clic?

 
Esto me ha llevado a probar y comprobar el funcionamiento de estas estrategias en una de las cuestiones para mí más esencial en el momento de iniciar una terapia, como es el fortalecer la autoestima que tan precisa cuando la persona afectada por el TDAH se decide a pedir buscar ayuda por medio de terapia.

A los niños con Trastorno de Déficit de Atención e hiperactivad (TDAH), es más que probable que se pase mucho tiempo señalándoles sus puntos débiles y buscando la manera de reforzarlos. No es malo tratar de corregir la impulsividad, la desorganización o la carencia de concentración de los pequeños. Para los padres es importante hacerlo. Pero centrarse demasiado en las restricciones de los hijos puede afectar a su autoestima.

Los niños a quienes continuamente se les llama vagos (o bien cosas peores) pueden llegar a desalentarse hasta el punto de no querer hacer aquellas cosas que no se les da bien. Como todo el mundo, los pequeños y niñas con TDAH tienen sus virtudes y sus aficiones. Les costará descubrir cuáles son si sus padres y profesores están siempre castigándoles y reprendiéndoles.

Si nos fijamos en todos los mensajes que un niño con TDAH recibe a lo largo de un día, y a lo largo de los días, encontraremos que de forma continua se le hace ver con claridad todas las cosas que “no puede hacer”: no puedes leer bien, no puedes prestar atención, no puedes quedarte quieto, no puedes hacer los deberes adecuadamente y a tiempo… A veces aun es peor, se cambia el “no puedes” por el “no quieres”, añadiéndole una intencionalidad culpabilizadora, enormemente injusta y perjudicial. El acaba desilusionado, confundido y frustrado.

No se trata de evitar criticar al pequeño, sino más bien de compensar las observaciones negativas con ánimos y elogios con lo que haga bien. “Las personas con TDAH mejoran sus posibilidades de éxito cuando se centran en sus talentos naturales (aquello en lo que frecuentemente logra buenos resultados) y desarrollan un plan para hacer esos talentos aún más fuertes”, afirma David Giwerc, especialista en TDAH (y persona con TDAH). “No conozco a absolutamente nadie que haya salido adelante tratando de ocultar sus debilidades. Pero tengo un montón de clientes, amigos, familiares y colegas que han madurado y salido adelante insistiendo en sus puntos fuertes”.

Se trata de animarle a valorar sus intereses y fortalezas, y avanzar a partir de ahí. Una cosa es decir que las personas con TDAH deben centrarse en sus fortalezas y otra llevar a la práctica ese consejo. Hay que prestar mucha atención a lo que el niño disfruta haciendo y le sale bien, y a todas y cada una de las circunstancias que contribuyen a su éxito y felicidad.

Hay que intentar averiguar en qué cosa o cosas el niño parece inclinado naturalmente a hacer y a que saca provecho. No es que se anime a los padres a ignorar las debilidades del pequeño, pero si un pequeño llega a casa con las notas y son todo Sobresalientes y un Muy Deficiente, ¿exactamente en qué nos fijamos? Seguramente en el Muy Deficiente. Si es así, el mensaje que se envía es que es más esencial lo que se ha hecho mal que lo que se ha hecho bien, y eso es muy injusto.

Los progenitores y los maestros deben hacer una labor de búsqueda y descubrimiento de aquellos microobjetivos que consiga; destacar sus logros por pequeños que sean, para, basándose en ellos, aplicar refuerzo y reconocimiento, producir autoestima y motivación para continuar intentando otros objetivos.

Este proceso de “descubrimiento” debe iniciar aun antes de que el pequeño empiece a enseñar preferencias o habilidades especiales. El paso inicial es pensar de verdad que el pequeño tiene fortalezas, que el éxito es posible, a pesar de su TDAH.

Además ponerle las cosas simples para que las logre, ayuda a que alguna vez alcance su objetivo, por pequeño que sea, y ese logro le dará la dosis de autoestima precisa a fin de que su motivación se active. Dividir los objetivos grandes, bastante difíciles de lograr y en los que es fácil fallar, en objetivos pequeños, fáciles de lograr y en los que se puede lograr el éxito. Hay que hablar con el pequeño y averiguar lo que realmente le agrada hacer, incluso si no parece tener nada que ver con vuestra idea de éxito. Si a los niños con TDAH no se les enseña a concentrarse en sus fortalezas, será considerablemente más difícil que logren y experimenten el éxito.

Hay que ayudar a los niños a aprovechar al límite sus capacidades, fortalecer sus puntos fuertes. No hay que tener temor de intentar cosas, analizar lo que funciona y lo que no, y ser consciente de que las fortalezas pueden cambiar con el tiempo.

Si esta estrategia de actuación es esencial en la infancia, igualmente es necesaria en la edad adulta; el adulto con TDAH necesita también que se le reconozca lo que hace bien, porque poner el foco continuamente en su errores y fracasos, en sus debilidades, en sus “no sabe hacer”, provoca un preocupante descenso de la autoestima, una sensación de intranquilidad, ansiedad profunda y una ausencia de motivación preocupante.

Y efectivamente la estrategia de actuación también contempla exactamente las mismas tácticas que con los niños:

– Buscar los logros (o “micrologros”), y aplicar refuerzo y reconocimiento.
– Descubrir sus capacidades y sus puntos fuertes.
– Aconsejarle que en su organización y actividades, se lo “ponga fácil”.

Con frecuencia es bastante difícil para las personas que conviven con el adulto con TDAH encontrar motivos para reconocerle logros. Lo mismo que ocurre con el niño, pero cuando en el adulto las consecuencias de sus repetidas actuaciones poco adecuadas suelen ser de mayor calado y provocar un progresivo cansancio de las personas con las que convive. Este es el motivo por el que en el trabajo terapéutico se acostumbra a buscar la alianza de personas próximas afectivamente que puedan hacer esta labor y se trabaja también el autorrefuerzo, ya que sin un “motor de creación de autoestima” la tarea terapéutica se vuelve exageradamente difícil.

Conclusión

Tanto en adultos como en niños queda patente que es una parte muy importante reforzar su autoestimas (en la mayoría de los casos dañada), reforzar sus buenas acciones y fomentar aquello que se le da bien.