TDAH y los tics

Los tics son el trastorno del movimiento más usual en la etapa infantil. Se presentan en múltiples formas y son generalmente benignos. Frecuentemente desaparecen solos, sin necesitar medicación. Sin embargo, en ocasiones pueden llegar a ser algo cronico e interferir en la actividad habitual del pequeño, repercutiendo en su activa familiar y escolar.

Aproximadamente en el 65% de los casos los tics se comienzan entre los cuatro y diez años de edad. Es extraño el comienzo ya antes de los dos años o después de los 18 años. En estas situaciones debe sospecharse si no se trata de movimientos anormales afines a tics o si son tics secundarios. El cuadro puede iniciarse con cualquiera de entre la diversidad de tics, si bien el más frecuente es el cierre de los párpados.
 

Podemos localizar tics de diversas etiologías:

– No neurofisiológica: Se producen movimientos que en un comienzo se repetían de forma voluntaria.

– Neurofisiológica (síndrome de Tourette):
Los tics son variados, se dividen en motores y vocales o fónicos. Entre Los motores predominan en cabeza, cuello y hombros, también pueden afectar a cualquier parte del cuerpo.
Los fónicos consisten en sonidos en los que prevalece el carraspeo y los sonidos guturales, si bien asimismo pueden ser palabras o oraciones elaboradas.

Las mayores consecuencias de los tics no son físicas sino sociales, motivadas por la repercusión que tienen tanto el sujeto como su entorno (amigos, familia, colegio, etc).

El origen aún no es conocido. Hace unos años se creía que la causa era exclusivamente psicológica, pero hoy en día hay evidencias suficientes para pensar que se deben a factores genéticos, en especial los crónicos. Estas perturbaciones genéticas podrían alterar el funcionamiento normal de los neurotransmisores (substancias químicas que transmiten los estímulos entre las neuronas), provocando de esta manera la aparición del tic. Sin embargo, aún no se ha podido identificar ningún gen concreto, y los estudios efectuados en familias con varios miembros perjudicados sugieren la intervención de diferentes genes (herencia poligénica), así como una repercusión decisiva de los factores ambientales en la aparición y mantenimiento de los tics.

Estos factores ambientales son también evidentes por medio de la observación de los tics: su nivel se incrementan con el agobio y disminuyen con el reposo. Además, los pequeños y adolescentes acostumbran a describir una situación de incomodidad física que se calma al efectuar el tic, es decir, sienten la “necesidad” de hacerlo.

Este fallo en las funciones inhibitorias probablemente sea el vínculo común con los trastornos tan frecuentemente asociados a los tics, como el TDAH o el TOC (Trastorno obsesivo-compulsivo).

Primeramente, hay que diferenciar los tics de otros trastornos del movimiento que pueden ser parecidos, con lo que habrá de ser el especialista el que confirme el diagnóstico, sobre todo en los tics de larga evolución.

Solo un reducido porcentaje de los tics está causado por lesiones cerebrales o enfermedades neurológicas, estos pacientes presentan unos síntomas asociados bastante evidentes y necesitan asistir al neurólogo a efectuar el diagnóstico. Pueden aparecer tras un traumatismo craneal, como efectos secundarios de ciertos fármacos, tras determinadas enfermedades infecciosas o en algunos casos de discapacidad intelectual, autismo, etcétera.

Por último hay que pensar que, a veces los tics crónicos pueden estar asociados a otros procesos, tales como comportamientos obsesivos, ansiedad, depresión, déficit de atención con hiperactividad, trastornos del sueño y dificultades de aprendizaje. Esta patología asociada habrá de ser apropiadamente evaluada y tratada por el neurólogo o bien el psiquiatra infantil, con el apoyo psicológico y pedagógico precisos.

Los tics pasajeros de la infancia no se tratan. El hecho de llamar la atención del pequeño sobre un tic puede empeorarlo o hacer que siga. Un medio ambiente sin estrés puede hacer que los tics ocurran con menos frecuencia y asistirlos a desaparecer con mayor velocidad.

Como hemos visto, un número significativo de niños y niñas con TDAH presentan tics, motivo por el que parece necesario y oportuno dar una serie de recomendaciones breves para afrontarlos.

En primer lugar, sería recomendable comprender que conforme el conocimiento vigente, los tics son una afección de naturaleza orgánica, que no se deben a dificultades neuróticas, ni a deficiencias educativas de crianza ni a otras tantas explicaciones.

El niño o niña que padece tics, puede, sin embargo, ejercer cierto control sobre ellos con el objetivo de reducirlos por tiempos breves, si bien esto frecuentemente le causa gran tensión. Por otro lado, las situaciones de exposición y de ansiedad en general pueden acrecentarlos e incluso dispararlos.

Existen distintos fármacos para tratar los tics, pero no siempre es preciso usarlos. El tratamiento de un pequeño con tics debe ser personalizado, y se ha de reservar para los casos en que el tic trastorne, por su forma o bien intensidad la actividad diaria del paciente. Además de esto habrán de ser limitados en el tiempo, y retirarse tan pronto como se observe un control eficiente de los síntomas. Se debe tener en cuenta que los medicamentos no curan los tics, tan solo los controlan, y que muchos tics desaparecen espontáneamente tras cierto tiempo de evolución.
Por todo ello, es necesario detectar cuáles son las situaciones que aumentan la posibilidad de que el pequeño manifieste tics y cuáles le resultan útiles para moderarlos.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es necesario exponer ahora unas `RECOMENDACIONES` con la única finalidad de poder encarar con determinada garantía el tratamiento de los tics, tanto en el entorno académico como en el familiar:
 

Como afrontar los tics de nuestro hijo.

1. Ignorar los tics dentro de lo posible. No los observe y no haga comentarios sobre ellos, si lo hacemos lo unico que conseguiremos es que el pequeñolo haga aun mas.

2. Si el pequeño tiene un `ataque` intenso de tics dejar que se retire a algún sitio apacible y con supervisión. Aunque esto, nunca debe interpretarse como un castigo (aislamiento o time out) sino más bien como una oportunidad para relajarse.

3. En las labores de escritura, lectura y evaluaciones es necesario proveer tiempo extra para encarar las actividades y/o asegurarle que dispondrá de él si no ha terminado el trabajo como producto de tics tales como: cabeceos, guiños, contorsiones, etc. Una acomodación tan fácil y simple como esta, ha demostrado su eficiencia para progresar significativamente el desempeño de estos pequeños.

En ciertas ocasiones los niños deben ser evaluados en un espacio aparte.

4. Con frecuencia deben ofrecer información a los compañeros de clase del pequeño con tics de la naturaleza del trastorno. Resaltando que se trata de movimientos involuntarios y que le van a ayudar aceptándolo de forma natural. La entendimiento del conjunto de compañeros va a deber llevar a que sean capaces de `ignorar` los tics y eviten hacer chistes. Personalmente aunque en muchos manuales de referencia he encontrado este punto como algo recomendable, intentaría evitarlo todo lo posible ya que el resultado puede no ser el deseado

5. Si el pequeño presenta tics fónicos deben llegar a un acuerdo con él, se le debe solicitar que lea en voz alta delante suya y cuando mejore que lo haga en clase o en presencia de otras personas.

6. Caso de que los tics le impida escribir de forma correcta, en las evaluaciones pueden recurrir a métodos orales y escritos.

7. Realice descansos periódicos entre una tarea y otra o si la tarea dura demasiado. De esta manera podrá relajarse y reducir su estés, lo que hará que disminuya su necesidad de ejecutar el tic.

8. En situaciones que deben quedarse quietos o en silencio, estos pequeños habitualmente se sienten presionados con facilidad e acrecientan los tics. Por servirnos de un ejemplo en la biblioteca, en actos públicos, etc., por lo que dentro de lo posible se le debe permitir eximirse de participar en estas actividades.

9. Prestar atención a los efectos del tratamiento farmacológico y a cómo se distribuye durante el día, muchos fármacos cuánto mejor neutralizan los síntomas de los tics, más afectan al comportamiento cognitivo del pequeño produciendo que reduzca el nivel de alarma, somnolencia, etcétera.

Muchas veces, ciertos niños o niñas tienen como tic la tendencia compulsiva a tocar, golpear objetos o bien tocar personas.

Es esencial ser tolerantes siempre porque los tics a veces no responden bien a ningún tratamiento.